¿Un nuevo año para sentirnos felices?

January 4, 2018

Todos hemos escuchado a alguien decir cosas como: “cuando termine la carrera voy a ser feliz”, o “empezaré el nuevo año con el propósito de ser feliz”. Al llegar ese día, la felicidad plena que esperaba seguro no llegó. Esto se debe que a que conforme alcanzamos metas, seguimos moviendo ese “sueño” de felicidad a cosas futuras. Nos sentimos tan bien cuando lo logramos, que lo vamos postergando cada vez más, como si fuera algo casi inalcanzable.

Creemos que el poseer o tener más asegurará nuestra existencia, pero más bien es como una carrera que nunca termina y en la que cada vez nos exigimos más. Pensamos que la felicidad está en la meta, pero al alcanzarla nos preguntamos: “¿por qué no logramos sentirla con la intensidad que esperábamos?”. Esto nos pasa con los objetivos profesionales, pero también en lo intimo y personal, como cuando nos convertimos en madres.

Nuestra crianza nos ha marcado que una madre alcanza el sueño máximo de felicidad, que no hay experiencia mayor y más plena. Y, sí, es cierto; sin embargo, muchas veces no logramos sentirlo con plenitud, con esa fuerza que nos habían pintado; lo que sentimos pareciera no ser suficiente, y hasta preferiríamos volver a nuestra vida anterior, a la soltería, al trabajo, lo que nos genera culpa y ansiedad.

La realidad es que, mientras busquemos la felicidad en las cosas externas, nunca la encontraremos, ya que ésta se encuentra en otro lado completamente diferente, muy lejano para muchos, y menos lejano o muy cercano para otros. La felicidad en realidad tiene una relación directa con el bienestar emocional, por lo que debemos contemplarla como algo interior; cuando no la encontramos dentro de nosotros, es inútil buscarla en otra parte.

Es una paz interna en la que la persona se siente libre de conflictos, segura y contenta respecto a sus relaciones más cercanas y a su autorrealización. Este estado no se logra fácilmente, requiere de un esfuerzo que conlleva un acto de voluntad -a esto le llamamos trabajo interno- y consiste en encontrar, incluso con ayuda de una buena terapia, las heridas internas de nuestra infancia para sanarlas. Sólo al sanar podremos reconocer y aceptar lo que fuimos, lo que somos y lo que tenemos, y dejar de poner nuestras esperanzas de felicidad en lo demás. Es muy importante también entender que nuestros padres nos dieron lo que pudieron con respecto a lo que ellos a su vez, recibieron de sus padres. Aceptar esto nos ayudará a vivir más en paz.

Aquí lo más importante es que si tú como mamá no eres feliz y no estás bien contigo misma, esa frustración que sientes se la transmitirás a tu pareja y a tus hijos; entonces se volverá un círculo vicioso del que les será más difícil salir a todos. Si ese es tu caso, busca la ayuda de un profesional para que logres encontrar tu propia paz y reconciliación, y puedas transmitírsela a tus hijos para ayudarles a crecer como personas amadas, felices y de bien.