¿Un nuevo año para sentirnos felices?

January 8, 2019

La felicidad tiene una relación directa con el bienestar emocional que debemos buscar en nuestro interior, no en lo demás.

Todos hemos escuchado a alguien decir cosas como: “cuando termine la carrera voy a ser feliz”, o “empezaré el nuevo año con el propósito de ser feliz”. Al llegar ese día, la felicidad plena que esperaba seguro no llegó. Esto se debe que a que conforme alcanzamos metas, seguimos moviendo ese “sueño” de felicidad a cosas futuras. Nos sentimos tan bien cuando lo logramos, que lo vamos postergando cada vez más, como si fuera algo casi inalcanzable.

Creemos que el poseer o tener más asegurará nuestra existencia, pero más bien es como una carrera que nunca termina y en la que cada vez nos exigimos más. Pensamos que la felicidad está en la meta, pero al alcanzarla nos preguntamos: “¿por qué no logramos sentirla con la intensidad que esperábamos?”. Esto nos pasa con los objetivos profesionales, pero también en lo intimo y personal, como cuando nos convertimos en madres.

Nuestra crianza nos ha marcado que una madre alcanza el sueño máximo de felicidad, que no hay experiencia mayor y más plena. Y, sí, es cierto; sin embargo, muchas veces no logramos sentirlo con plenitud, con esa fuerza que nos habían pintado; lo que sentimos pareciera no ser suficiente, y hasta preferiríamos volver a nuestra vida anterior, a la soltería, al trabajo, lo que nos genera culpa y ansiedad.

La realidad es que, mientras busquemos la felicidad en las cosas externas, nunca la encontraremos, ya que ésta se encuentra en otro lado completamente diferente, muy lejano para muchos, y menos lejano o muy cercano para otros. La felicidad en realidad tiene una relación directa con el bienestar emocional, por lo que debemos contemplarla como algo interior; cuando no la encontramos dentro de nosotros, es inútil buscarla en otra parte.

Es una paz interna en la que la persona se siente libre de conflictos, segura y contenta respecto a sus relaciones más cercanas y a su autorrealización. Este estado no se logra fácilmente, requiere de un esfuerzo que conlleva un acto de voluntad -a esto le llamamos trabajo interno- y consiste en encontrar, incluso con ayuda de una buena terapia, las heridas internas de nuestra infancia para sanarlas. Sólo al sanar podremos reconocer y aceptar lo que fuimos, lo que somos y lo que tenemos, y dejar de poner nuestras esperanzas de felicidad en lo demás. Es muy importante también entender que nuestros padres nos dieron lo que pudieron con respecto a lo que ellos a su vez, recibieron de sus padres. Aceptar esto nos ayudará a vivir más en paz.

Aquí lo más importante es que si tú como mamá no eres feliz y no estás bien contigo misma, esa frustración que sientes se la transmitirás a tu pareja y a tus hijos; entonces se volverá un círculo vicioso del que les será más difícil salir a todos. Si ese es tu caso, busca la ayuda de un profesional para que logres encontrar tu propia paz y reconciliación, y puedas transmitírsela a tus hijos para ayudarles a crecer como personas amadas, felices y de bien.