Las bases para la educación de los hijos.

May 31, 2018

Si el amor consiste sólo en tomar, no es equitativo para las dos personas involucradas. Es por eso que para amar siempre se tiene que dar y recibir.

Educar es una labor del corazón y requiere de una infinita paciencia y dedicación. Educar a un hijo significa aceptarlo y amarlo incondicionalmente, con todas sus características únicas y especiales, y estar siempre dispuesto a conocerlo y reconocerlo constantemente.
Cuando un bebé nace, debe sentir la conexión con su madre en el vientre y en sus brazos. Se considera “fisiológicamente prematuro”, por eso es importante que la madre lo tenga junto a su cuerpo el mayor tiempo posible durante los primeros meses de vida.
Al ir creciendo el niño, su alma necesita cuentos en los que aparezca la fuerza vital, que incluyan símbolos como los que aparecen en los cuentos de hadas, las leyendas y los mitos, para que pueda desplegar sanamente su fantasía y, de esta manera, las bases de su vida espiritual y de su alma. El niño necesita imágenes que sean comprensibles para su corazón.

Durante los primeros siete años de vida, etapa también llamada la “edad mágica”, la fantasía y los sueños se confunden con la realidad, por eso es que el niño es vulnerable a los miedos llenos de fantasía. Cuando ya empieza a distinguir entre la fantasía y la realidad, debemos enseñarle que este mundo tiene dos polos, y que la vida del ser humano depende de cómo se viven estos dos polos.

Todo lo creado está formado por opuestos y cada uno de ambos polos de un opuesto debe poder distinguirse claramente. Para la formulación de la voluntad es necesario experimentar los contrarios; es decir, si siempre se cumplen al niño todos los deseos, no puede practicar la resignación. Si el amor consiste sólo en tomar, no es equitativo para las dos personas involucradas. Es por eso que para amar siempre se tiene que dar y recibir.
Muchas de las madres cumplen todos los deseos a sus hijos, con la premisa de darles todo el amor y la libertad que ellas no recibieron, pero no se dan cuenta que esta conducta es completamente equivocada, pues los niños también deben experimentar la renuncia como el “polo contrario” y como premisa para poder sentir alegría. Las madres que no niegan nada, terminan por convertirse en esclavas de sus propios hijos.

Quien no conoce el miedo, no sabe lo valiente que es. Solamente el que ha cargado, se vuelve resistente; a veces hay que sentir tristeza, para poder sentir felicidad. Es por eso que la polaridad es tan importante al hablar de educación.

Bibliografía
El amor que apoya Jirina Prekop.