La falta de amor enferma al cuerpo.

November 29, 2018

El contacto físico es una necesidad básica en los primeros años de vida de un niño.

El amor no es sólo la idea que tenemos de él o el sentimiento que nos provoca. El amor yace en nuestros tejidos, hormonas y sistemas, el cerebro parece estar diseñado para difundir el gozo producido por todo el sistema, manteniendo los niveles justos de neurotransmisores de excitación y hormonas del estrés; para mantenernos alerta y conscientes.

Cuando se satisfacen las necesidades básicas del ser humano, quedan también satisfechas las necesidades del cuerpo y el cerebro. Entonces, cualquier privación continua de una necesidad básica representa una amenaza para la capacidad de dar y recibir amor.

Para los bebés y los niños pequeños, el amor está directamente relacionado con la satisfacción de sus necesidades. Podemos cuidar del niño sin amor, como quien realiza cualquier otro deber, pero él lo percibirá porque su sistema es predominantemente sensible.

El contacto físico es una necesidad básica en los primeros años de vida de un niño. El contacto físico neonatal produce cambios físicos y conductuales persistentes para toda la vida. Es por eso que los bebés no deseados tienden a desarrollar más problemas de salud, mayor estrés psicosocial, hasta propensión a la esquizofrenia.

Uno de los primeros estímulos que siente un niño y tal vez el más elemental, es como los padres se sienten respecto a él.
Cuando un niño sabe que su presencia hace feliz a sus padres, es un niño que se sabe amado. Si los padres se lo hacen sentir en la forma como lo miran, le hablan y reaccionan a su llanto o dolor expresado de múltiples maneras, entonces le están diciendo: “aunque te enojes, demandes y exijas, te amamos y siempre te amaremos, pase lo que pase”. Esto se llama amor incondicional.

El amor incondicional es el ingrediente más importante para el sano desarrollo del alma y del cuerpo de un ser humano.

 

Bibliografía: ¿De dónde viene mi dolor? Opciones para sanarlo
Autor: Laura Rincón Gallardo