Honrando el nacimiento de nuestros hijos.

August 30, 2018

La conexión entre padres e hijos provoca que crezcan como personas seguras, felices y confiadas.

Los hijos son el tesoro más grande que nos ha dado la vida, y por eso nuestro deber es cuidarlos y amarlos con todas nuestras fuerzas. No hay nada más sagrado, más puro, hermoso y frágil que un niño pequeño. Por lo tanto, no sólo nos corresponde adorarlos, sino también cuidarlos como un fino cristal, porque, de lo contrario, pueden romperse para siempre.

¿Qué hacemos cuando tenemos en nuestras manos una joya única que nos han dado para custodiar? La envolvemos en un manto de terciopelo y la adornamos con cintas de oro; vigilamos que nadie se acerque y la ponemos en un lugar seguro, donde no será tocada por nadie y en el que no correrá el más mínimo peligro. La acariciamos suavemente para que brille cada día más. La resguardamos de vientos y mareas. La protegemos de cualquier clase de violencia, y en el momento adecuado, la volvemos a entregar al camino. El valor de la alhaja es incalculable y cualquier rasguño que sufra, será nuestra responsabilidad. Sólo deteniéndonos a observar la belleza infinita que emana su luz, podemos apreciar el tesoro que llevamos en nuestras manos.

Así son nuestros hijos, así de bellos, luminosos y resplandecientes. Los niños merecen recibir desde el instante en que nacen, nuestro amor y respeto genuino, complaciente y cotidiano.Cosa poco habitual y quizá la más atroz condición de nuestra sociedad es la de no honrar lo más bello y puro que tenemos. Vivimos sobre el tiempo, fijándonos en los grandes espacios y no en los pequeños espacios. Hemos dejado de mirar y observar para vivir sólo de la consecuencia que trae el día a día. Estamos de prisa, molestos y poco receptivos. Esto, lejos de honrar, sólo provoca que nos distanciemos y alejemos a nuestros hijos, haciendo que conforme pasen los días la brecha sea casi imposible de cerrar.

Les recomendamos observar a los niños. Hay que ofrecerles nuestras mejores sonrisas, si no tenemos nada más para brindar. Acariciarlos, mimarlos, abrazarlos, respetar su sueño, la vigilia, el hambre, el juego, el ritmo, el contacto, la curiosidad y el derecho a la verdad. Debemos rendirnos ante ellos, tomando en serio cualquier demanda que nos hagan. Tratemos sus cuerpos con dulzura y dedicación. Evitemos contaminarlos con palabras furiosas.

La conexión entre padres e hijos provoca que estos últimos crezcan como personas seguras, felices y confiadas, que formen mejores sociedades y lleven al planeta, poco a poco, a cambios positivos. ¡Lleva con mucho amor esta responsabilidad!

Texto: Laura Gutman
Bibliografía: El abrazo con sentido
Autor: Laura Rincón Gallardo