Cuida las emociones: se vale llorar si necesitas llorar

June 4, 2019

En las lágrimas encontramos el camino ideal para la superación emocional, y no deben reprimirse.

 

Alrededor de las lágrimas, nuestra cultura siempre ha sido muy restrictiva. “No llores porque te ves fea”. “Los hombres no lloran”. “Si sigues llorando te voy a dar una nalgada para que de verdad tengas porqué llorar”. “Aguántese como los machos”. “Se te van a secar los ojos y cuando de verdad tengas que llorar por algo importante, ya no vas a tener lágrimas”; todos hemos escuchado frases como éstas muchas veces en la vida, mismas que nos invitan a reprimir los sentimientos.

Para la sociedad, ser fuertes significa no sentir; es mejor acorazarnos para poder sobrevivir bajo ley del “más fuerte”, convertirnos en mujeres y hombres de una sola pieza, pues son los que lograrán salir adelante sin mirar atrás. Sin embargo, no debemos olvidar que lo flexible suele ser lo más resistente a los golpes, y que cuando algo de una sola pieza se rompe, sólo puede reconstruírsele a pedacitos.

Es difícil apartarnos de las frases venenosas que nos enseñaron a guardar silencio, a callar, a esconder nuestra esencia, a vivir anestesiados para no sentir, para no expresar; al final de la historia, perder el contacto con nosotros mismos. Es difícil pues tenemos años escuchándolas por todas partes. La vida está llena de polaridades: el día y la noche, la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la vida y la muerte, el amor y el odio. La dualidad integradora que permite valorar, significar, hacernos conscientes de que somos la parte y el todo, de que cómo es adentro, es afuera, y de que cada uno de nosotros somos el universo. En esa dualidad integradora encontramos que es necesario llorar para encontrar la sonrisa, pues si el agua lima las rocas y da forma a los ríos, reverdece los campos, limpia el aire, fertiliza la tierra, y sostiene la vida en el planeta, ¿por qué no habría de purificar el alma?.

Habrá que llorar el tiempo perdido para no seguir perdiéndolo, para limpiar la tristeza que se disfraza de rabia, de soberbia, de prepotencia; para despreocuparme por aparentar que no necesitamos de nadie. Tocar el dolor para permitirle a la fuerza despuntar y desplegarse en toda su magnitud es, simplemente, abrir la llave de las emociones, de las sensaciones. Sentir y volver a sentir lo que ayer tuvo que esconderse y reprimirse.

Hay que mirar de frente a ese niño interno lastimado y decirle: “Puedes llorar, te ha dolido tanto todos estos años ese vacío de la soledad, el miedo al abandono, la desesperanza, la falta de contacto, tu llanto a solas y a escondidas. Está bien, puedes sacar todo tu dolor, permite que las lágrimas limpien ese pasado tan pesado y expresen todo lo que no has podido. No le temas a tus sentimientos, sentir no te debilita, sentir te permitirá contactar con tu fuerza creadora y transformadora, podrás empezar a vivir como un ser humano y no como un robot”.

Sólo conociendo el origen del dolor es que puede transformarse, de otra forma seremos siempre prisioneros, de manera inconsciente, de conductas negativas imposibles de modificar. Cuando las lágrimas aparecen, comienzan a curar, ayudan a limpiar todo aquello que se ha quedado aprisionado en el pecho, en la garganta, en el corazón. Cada lágrima derramada tiene un gran poder liberador y sanador, sólo el contacto con lo interno te permitirá vincularte con lo externo, recuperar el tiempo perdido y lograr un verdadero cambio.

Bibliografía:
El abrazo con sentido
Autor: Laura Rincón Gallardo