Criar sin gritos para una mejor infancia.

June 11, 2019

 

Lo importante está en comprender que se puede educar de otra forma, sin dañar el autoestima.

Como mamás y papás podemos tener días difíciles, que, seguramente, se complicarán aún más en la cotidianidad del hogar: un juguete sin levantar, una tarea sin hacer, una travesura, podrían ser detonadores muy importantes que nos lleven a explotar en rabia. La reacción obvia: gritar, porque estamos enojados, fastidiados, cansados, y porque, fue así como fuimos criados.

 

Pero los gritos, tanto como los golpes, traen consecuencias psicológicas, emocionales y físicas para nuestras hijas e hijos, que tendrán que cargar incluso a futuro. Un grito ya no tiene vuelta atrás, ya se dijo, y tuvo su impacto. Así lo indican la Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Michigan en estudio conjunto publicado por la revista Child Development, que evalúo a mil familias con hijos de entre 13 y 14 años. El 45% de las madres y padres admitieron haber gritado e insultado a sus hijos en un momento de desesperación y rabia. Ante esto, los investigadores comprobaron los efectos de esa violencia verbal sobre los niños, encontrando que éstos habían desarrollado diversos problemas de conducta en el año sucesivo, en comparación con niñas y niños que no habían recibido gritos. Los problemas iban desde resolver situaciones con sus compañeros a gritos y con violencia, bajo rendimiento escolar, mentiras a los padres, peleas en el colegio, robos en tiendas y síntomas de tristeza repentina y depresión.

 

Los gritos minan la autoestima; su cerebro registra esa información como necesidad de supervivencia, y la traducirá en ansiedad y angustia. Cuando percibe tu agresividad, su cerebro produce y libera dopamina, como si necesitara huir por su vida, el miedo lo paralizará o lo agitará. Se sentirá inseguro, amenazado y en peligro, y su capacidad para aprender se bloquea.

 

No es fácil re-aprender, puesto que nosotros fuimos criados con gritos, y es lo que reproducimos al criar a nuestras hijas e hijos. Sin embargo, es posible. Si te sientes desbordado, poco paciente, ha sido un día largo, reconócelo y no te expongas a las cosas que te harán explotar. Si has llegado a casa, y las cosas no están como tendrían en cuanto al orden, la cooperación y las responsabilidades de cada miembro, trata de tener paciencia. Con empatía y respeto, comunícate con tu hija o hijo, permite que te entienda y que trate de ponerse en tu lugar, y haz lo mismo; finalmente, el adulto ahí eres tú. Hazle ver la importancia de que caminen todos juntos para que lleguen más lejos. Si sientes que no podrás controlar lo que digas, ¡date un espacio para calmarte, y no busques conflicto! Más vale una conversación posterior que enriquezca, a una discusión en el momento que sólo destruya.

 

Fuente: https://www.wsj.com/articles/study-says-yelling-is-as-hurtful-as-hitting-1378336888?tesla=y