Cambia de hábitos en el sueño para el regreso a clases

August 6, 2019

Aquellos niños que duermen poco adquieren, desde el principio, malos hábitos de sueño que influyen en su salud a raíz de la falta de energía.

Es importante reconocer que existe una relación entre la falta de sueño y los diferentes trastornos de la salud, empezando porque si no se atiende a tiempo en niños se pueden crear malos hábitos de descanso a futuro que derivarán en problemas para su crecimiento. Con las vacaciones, el cambio en los patrones de actividades es normal y común, pero debemos poco a poco regresar a lo habitual para que el descanso no se pierda, y se tengan las energías suficientes para realizar todas las actividades en el día.

 

Una rutina clara y definida para el descanso es fundamental, evitando que los niños se acuestan. Aquellos que duermen poco adquieren, desde el principio, malos hábitos de sueño que influyen en su salud a raíz de la falta de energía. La consecuencia se verá reflejada no sólo en la conducta sino en la propia salud con cuerpos fatigados e imposibilitados para realizar varias actividades.

 

Hay que tomar en cuenta que existe una diferencia de horas de descanso según la edad. A medida que vamos creciendo, pasamos de dormir entre 14-17 horas al día, a necesitar solamente 7-8 horas en la adultez. Los niños en edad escolar necesitan entre 10 y 12 horas de sueño para poder “funcionar” adecuadamente. Es natural que haya momentos determinados en los que estas necesidades se cambien de forma puntual, como en ocasiones especiales, celebraciones, contratiempos o vacaciones. Lo importante es respetar los hábitos y el tiempo de sueño  todo lo que se pueda.

 

Las horas estimadas de descanso son:

  • Bebés recién nacidos hasta 12 meses: lo recomendable es entre 11 y 14 horas por día.
  • Niños de hasta 5 años: entre 10 y 13 horas diarias.
  • Hasta los 13 años: entre 9 y 11 horas cada día.
  • Jóvenes de hasta 17 años: entre 8 y 10 horas por día.

 

 

Los trastornos que tienen su origen en la falta de sueño, cuando permitimos que los más pequeños se acuesten tarde, pueden ser:

 

Insomnio. Al no ser educados en cuanto a higiene del descanso, los niños no terminan de interiorizar los patrones de sueño que favorecen su descanso. Así, acostarse tarde puede provocar el dormir más ligero, despertarse a menudo y, en definitiva, no descansar.

 

Fatiga infantil. No respetar las horas de sueño hace que el niño se encuentre más cansado.

 

Apatía. Los niños que presentan este trastorno se encuentran en un estado parecido a la depresión. No tienen ganas de hacer nada ni se muestran interesados por nada.

 

Ansiedad. La falta de descanso continuado provoca en los niños cambios de humor y problemas de ansiedad. Los pensamientos que producen ansiedad en el pequeño se mantienen o se agravan.

 

Como padres siempre será importante prestar tanta atención a la rutina de descanso como lo hacemos con la de alimentación o el estudio; con esto evitaremos consecuencias en su salud, su estado de ánimo y su rendimiento en las actividades diarias.